Me gustaría escribir sobre mi identidad de escritora y cómo he ido cambiando con el tiempo conforme me profesionalizaba hacia la edición.
Empecé a escribir hace muchos años, pero entonces era solo un pasatiempo, algo que me gustaba hacer por diversión o para distraerme. (Igual que impartía clases imaginarias a alumnos imaginarios).
Digamos que me puse más en serio a partir de 2006 (¡ya hace 20 años!) cuando tuve mi primer ordenador de sobremesa y por tanto acceso a un programa ofimático. Bueno, en realidad mi hermana tenía una máquina de escribir eléctrica que también llegué a utilizar para escribir esas primeras historias.
Entonces solo escribía con la intención de divertirme y quizá lo único que me motivaba era terminar de escribir la historia. Puede que también pensara que tenía alguna posibilidad editorial, pero no entendía bien cómo funcionaba el mercado editorial.
En 2015 auto publiqué en Amazon porque se dio la oportunidad. Recopilé unos relatos de terror e hice una antología propia: Sueños de otro mundo y esa fue mi presentación en el mundo literario.
Ya existían las redes sociales, por supuesto. Desde 2009 tenía Facebook y también Twitter en 2012, pero no era como ahora. No había tanta gente escribiendo ni publicando, o al menos no se veía tanto. Tampoco Bookstagramers y esas cosas. Era muy distinto. La publicación representaba un éxito interno por haber logrado poner un final y realizar toda la edición (con la ayuda de mi hermana para la portada e ilustraciones).
Le di una continuación a esos relatos de terror (Sueños de otro mundo, volumen 2 que publiqué en 2017) y también escribí historias que nunca terminé ni llegué a publicar.
Por ejemplo, en 2009 empecé a escribir una historia de ciencia ficción y fantasía. Muy imaginativa, coral, con varias perspectivas de personajes en primera persona y un trasfondo sideral, de haces de luz, planetas destruidos y seres del caos. Durante 2015, en el Nanowrimo, escribí otras 50k palabras de una historia de ciencia ficción relacionada con uno de los personajes de Sueños de otro mundo. Y en 2016 o 2017 otras 50k palabras de una historia surrealista – terror (siguiendo un poco la temática sueños de otro mundo). Todas ellas siguen a la espera de una continuación o final.
Escribía bastante, pero el ánimo tampoco era el de publicar como finalidad última, sino disfrutar del proceso y la escritura, la búsqueda de ideas y lo bien que me sentía al escribir, desconectada del mundo.
Quizás nunca sentí que podría dedicarme a ello si me esforzaba, de hecho no pensé en la escritura como algo que pudiera darme retribución monetaria o como un trabajo. También hay que decir que estudié una carrera online (antropología social y cultural) en la UNED mientras trabajaba media jornada en un bar y lo compaginaba con la banda de música. No tenía mucho tiempo libre para escribir, pero las historias siempre estaban ahí de fondo, esperando.
En 2017 publiqué el segundo volumen de Sueños de otro mundo, como dije. Me llevó más tiempo cuadrar todo, organizarlo y editarlo porque era la continuación de algunos relatos del primer volumen y los uní hasta casi convertirlo en una novela. A todo esto, sin ningún método más que escribir (tomando alguna nota de vez en cuando y creando caos por doquier, lo cual era muy divertido, menos para editar).
Esto es importante, porque los años de aprendizaje cambiaron mi forma de enfrentar la escritura, y con ese cambio llegó también el agobio. Que si tengo que hacer una escaleta, que si pongo demasiadas tramas, que si no sé corregir…
Y en esos años (2018) continuaba con la carrera de antropología, combinada con un trabajo (otro distinto, a jornada completa). Me sentí exhausta y no empecé a escribir nada más hasta que terminé el grado en 2020, época de pandemia donde nacieron muchos escritores y las redes sociales, literarias y no literarias, hicieron un gran BOOM.
Así que en 2021 publiqué El reino de Cartón, una novela de fantasía juvenil. ¿Qué tenía que ver con lo publicado anteriormente? Nada. Decidí escribirla porque surgió de una idea de un relato para enviar a una antología. Yo creía que escribir fantasía no se me daba bien ni me gustaba, pero descubrí a un narrador vetusto que habitaba dentro de mí y me fascinó. Lo abracé con fuerza y disfruté mucho al escribir esa historia (líos mentales incluidos para desentrañar la trama y dolores de cabeza en la edición). Ese libro me dio alegrías y recuerdo su publicación como algo bonito, con preventa incluida y una noticia en el periódico.
Tuve incluso la oportunidad de traducirlo al gallego cuando lo envié a una editorial gallega y se interesó, pero entre la pandemia y mi poca decisión, nunca llegué a reunirme con el editor.
En 2021 no sé si escribí algo más, o seguramente estaba buscando cuál sería la próxima historia a escribir. Tenía (o tengo) una carpeta de historias por escribir que tendrá al menos 30 sub carpetas con ideas (y con el tiempo aparecían más y más). Quería retomar alguna de los inicios, de esas que tenían bastantes palabras escritas y editarla, pero el problema es que ya no sonaban como mi yo escritor del presente. El paso del tiempo y el aprendizaje continuo (casi siempre autodidacta) cambiaron mi forma de escribir y leer y comprender a esa escritora de 2006 (tan inexperta, pero que disfrutaba mucho más de la escritura) resultó un obstáculo insalvable. Por eso nunca volví a esas primeras historias, aunque lo deseaba.
Por entonces ya hacía informes de lectura para otros escritores. Creo que empecé con este servicio porque me encantaba leer y analizar los textos (mucho más los ajenos que los propios). Y así fue como empezó mi carrera de editora, casi sin darme cuenta. Todo iba a cambiar a partir de ese instante, pero pasarían unos años (y bloqueos) hasta darme cuenta de lo que ocurría.
Seguimos en 2022. Aquí el mundo de la editora cobraba más fuerza y la escritora dudaba más que nunca. Pasé de querer editar y mejorar la historia que escribí en el Nanowrimo de 2016 (la de terror surrealista) a escribir una desde cero.
Viéndolo en perspectiva, para mí la elección de escribir una u otra historia viene determinada por cuestiones de la vida diaria. Tratar y trabajar con una persona que convivía con Alzheimer y ver también el sufrimiento de su entorno, fue el motor último que le dio vida a una idea. Idea que siempre pareció habitar en mí, pero en realidad no lo sabía.
Y por eso empecé a escribir una historia de vida, con la enfermedad del Alzheimer de trasfondo. Me preguntaba qué es la vida, sino un conjunto de recuerdos y momentos importantes, donde conocemos a otras personas y vivimos esos hitos que nos marcan. Escribí y escribí. Y por supuesto, incluí elementos fantásticos: la habitación de la memoria, a donde la señora enferma acudía (metafóricamente) para recordar. La habitación se deterioraba igual que ella misma.
Escribí mucho durante ese 2022, hasta hice directos de escritura en Twitch. Dividí la historia en cuatro partes, como las cuatro estaciones y tres capítulos por estación. Y además incluí las cuatro estaciones de Vivaldi con la música y los versos que se le atribuyen al propio compositor como apertura para cada capítulo. ¡Todo encajaba a la perfección! Apenas sí construí una escaleta, más bien una pequeña guía de años y tiempos, pues había bastantes saltos temporales. Cada capítulo tenía sobre diez mil palabras, todo un récord de extensión para mí y terminé la novela con 115.000 palabras.
En 2023 terminé de editarla y escribí otra historia; como si nunca pudiera dejar de hacerlo, en realidad. Esta vez de vuelta a la fantasía juvenil con una idea antigua que resonaba con fuerza, pero tuve que dejarla a un lado porque estaba a punto de bloquearme.
En ese momento no lo sabía con certeza y buscaba el motivo de ese bloqueo que comenzaba. Ya no escribía por placer o diversión, sino con la intención de presentar una novela al premio literario Amazon (dichoso premio) o publicar y tener mucho éxito (que nunca llegaba).
Los servicios editoriales iban muy bien y trabajaba mucho en mi marca personal de Mónika Feren 🌹. Pienso que combinar ambas Mónikas, la escritora y la editora, no fue una buena elección, pero no quedaba otro remedio. Terminé dedicándome a la edición como trabajo casi principal y ya hace casi un año que soy autónoma.
No tengo claro si perdí el norte en la escritura o quería hacer demasiadas cosas, sobre todo a partir de 2019. A la multitud de ideas que ya tenía para escribir ficción, se sumaron ideas para escribir libros de antropología (esto ya desde que acabé la carrera), libros para escritores, otras historias que fueron naciendo… No había un orden establecido, solo documentos y más documentos abiertos con una frase, una sinopsis o una pequeña introducción.
Al final abandoné la escritura de la novela juvenil porque no encontraba su narrador (una excusa como otra cualquiera) y me puse a escribir un thriller de misterio y ciencia ficción. En ese 2023 ya avanzado escribí mucho durante abril y mayo y después edité en junio. En julio llevé a cabo el proceso editorial de maquetación para publicar en julio. Esa experiencia me dejó trastornada, no disfruté (únicamente de la escritura automática en la que me vi inmersa, apenas sin escaleta). Por lo que publiqué el libro y no quise saber nada de él. ¡Qué sensación tan horrible!
Con el paso de los años empecé a verle carencias (igual que al resto de mis historias ya publicadas). Algo que es inevitable si continuas aprendiendo sobre escritura (te conviertas o no en editor). Mi editor interno se volvió cada vez más y más crítico, llevándome incluso al punto de querer dejar de escribir ficción porque no es lo mío, decía mi editor.
Me lo imagino con gesto serio, sentado al fondo de la habitación mientras me mira disgustado. Tal vez sostenga una pipa entre sus labios finos. Menea la cabeza. Así no, Mónika, así no…
Mientras todas esas diatribas tenían lugar, la historia que escribí en 2022 con el Alzheimer de telón de fondo, continuaba su periplo en la búsqueda editorial. No resultó, pero tras pagar por un informe de lectura en la agencia Exit, dirigida por Santi Baró, conseguí la representación en esa agencia.
Eso me animó mucho, claro. Santi era todo lo contrario a mi editor interno, decía que mi historia era estupenda literaria y comercialmente y me entusiasmé, porque en aquel momento estaba muy bloqueada con la escritura. Así que La ventana de Nora la envié a dos o tres premios literarios en dos años, por recomendación del agente. Por desgracia, mi experiencia en la agencia editorial no fue tan bien como esperaba y cuando pasaron dos años el contrato de agencia finalizó y me despedí de Santi. Me despedí yo porque nunca llegó a responder a mi correo final.
En 2025, sobre mayo-junio, conseguí terminar de escribir la historia juvenil que empecé en 2023. Esta historia la creé porque un editor gallego se había interesado (o eso pensaba). Se la envié y nunca me respondió. Podría haberme dicho que no o que no le interesaba, pero como no me dijo nada me quedé en el limbo sin saber qué pasaba (otra vez).
Al releer esta historia esta juvenil me di cuenta de que podría estar mejor: el conflicto tardaba en aparecer demasiado para ser una novela juvenil, tenía carencias. El editor ataca de nuevo. Lo que pasó en realidad es que al profesionalizarme en la escritura empecé a ver defectos en todas mis historias, pues siempre he sido escritora brújula y al no trabajar con escaleta tuve múltiples problemas.
Hacer una escaleta se me dificulta incluso hoy en dia porque necesito escribir para descubrir, es así. Las conexiones se me ocurren escribiendo y no pensando en ellas (si pienso en ellas creo que no son tan buenas o no hacen ese clic que deben hacer).
Este año, 2026, empecé a escribir una historia contemporánea por el simple hecho de disfrutar y lo conseguí a medias porque a pesar del entusiasmo inicial no seguí escribiendo. Decidí que tenía que ponerme con los libros para escritores porque eso es lo que hago, ¿no? Soy editora, comparto recursos y ofrezco servicios editoriales. Publiqué El escritor consciente, y sinceramente me agoté de nuevo.
La cantidad de historias (de ficción) por terminar atormenta mucho a mi cerebro, mientras pienso que en realidad no sirvo para escribir nada.
A veces me imaginó cómo sería si solo me dedicara a escribir historias de ficción, sin la parte editora, pero es imposible separarlas ya. Elegí este camino y me siento muy orgullosa de los logros, la verdad, incluso aunque mi editor interno siga meneando la cabeza.
Si has leído hasta aquí te lo agradezco de verdad. Son muchos años ya en el periplo literario y hacer resúmenes no es mi especialidad.
Gracias🌹

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