Hace tres años decidí enviar un manuscrito a la búsqueda editorial. Puede decirse que no lo escribí con ese propósito, pero surgió después. En ese camino aprendí mucho, en especial a tener paciencia. Y también a hacer propuestas editoriales de todo tipo, redactar el cuerpo del correo para enviar la propuesta, investigación de editoriales y sellos, más paciencia y tiempos de espera. En este periplo considero que cometí algunos errores que me gustaría compartir y también aciertos que pueden servir como consejos generales (nunca como una regla absoluta a seguir). Además, he decidido que ese manuscrito continúe por ese camino, por lo que todavía no se ha terminado la aventura.
Es solo mi experiencia con mis circunstancias particulares, por lo que, cuestiones que me ocurrieron a mí no tienen por qué replicarse en otros casos (siento que debo aclarar esto, pero me parece muy lógico).
Empezaré por los errores o situaciones que pude haber previsto y no lo hice.
#1 Escribir un manuscrito demasiado largo. Y aquí haré un pequeño inciso, ya que considero que tampoco era tan largo, sin embargo, exceder de 100k palabras a la hora de buscar editorial suele ser casi siempre un obstáculo más que un acierto. Eso no significa que debamos escribir historias más cortas para encajarlas en algún sitio. No. Significa que, sobre todo para primera novela, tenemos que considerarlo y saberlo. Las editoriales (las grandes y medianas, en especial) difícilmente apostarán por una nueva voz con un manuscrito de tamaño considerable, pues los costes de producción son mayores y no pueden asegurar ventas. El riesgo es mayor para la editorial.
#2 El momento de enviar el manuscrito. Conviene tener en cuenta que las editoriales tengan el plazo de recepción de manuscritos abierta, pero hay algunas que reciben todo el año. En ese caso, lo mejor es enviar los manuscritos a mediados de año (en septiembre es cuando muchas editoriales construyen el catálogo del año siguiente). Yo envié el manuscrito la primera vez en febrero – marzo y aunque es cierto que si hubiera interesado no importaban las fechas, los editores están más predispuestos a valorar manuscritos o propuestas cuando están inmersos en el trabajo de preparar el catálogo.
#3 No elegir bien las editoriales a dónde enviarlo o enviarlo a pocas. Reconozco que hice un gran trabajo de investigación de medianas y pequeñas editoriales, pero al principio no quise enviarlo a todas en las que encajaba. Podía ser porque en ese momento no tenían recepción de manuscritos abierta o porque preferí esperar y no enviar todo de golpe (y porque es un trabajón hacer distintas propuestas según lo que pidan). Al final, dejé pasar el tiempo y solo envié a las del principio, que no fueron muchas.
Una vez que te pones a la faena de preparar propuestas, sinopsis comerciales o editoriales, correos, adjuntos y demás, es buena idea hacer una lista de al menos diez o quince editoriales con recepción de manuscritos abierta o tener en el horizonte alguna que abra más adelante. Creo que mi error vino motivado porque en el fondo tenía ese miedo de: ¿y si una me contesta que le interesa, pero quiero esperar a ver si responde la otra?
#4 Esperar con la certeza de que no va a interesarle a nadie. A ver, la lógica editorial es amplia, pero sencilla si la conoces. Un rechazo o el silencio de rigor no significa casi nada. Incluso puede ser que la historia no esté a un nivel aceptable para ser publicada, que podría estar mejor o los personajes más desarrollados. No importa. Creo que se debería esperar con ilusión, esperanza y posibilidades. Si después no ocurre así, no pasa nada, hay más oportunidades y otros caminos. No hay nada peor, en mi opinión, si se desea seguir escribiendo mientras esperas, que ponerse con una actitud derrotista. Porque eso afecta a la escritura, de pronto empezarás a ver que todo es horrible y que encima las editoriales no te responden.
#5 No escribir nada mientras espero o escribir con esa sensación de que no sirve de nada. El envío a editoriales y la falta de respuesta fueron dos aspectos clave dentro del bloqueo creativo que sufrí (no los únicos, pero sí determinantes). El silencio o los rechazos afectan, o al menos a mí me afectaron más de lo que quise asumir al principio. Si te decides por el sendero editorial ten en cuenta tus emociones y cómo vas a gestionarlas. A veces, pensamos que podemos con todo y no es así. También depende mucho de tus circunstancias personales y particulares y de lo meditada que tengas la decisión de enviar a editoriales (y lo que supone).
#6 Darme por vencida «muy pronto». Al igual que con el primer error, conviene detenerse un poco en lo que se entiende por muy pronto. Como ya sabemos las respuestas editoriales (si llegan) son de meses e incluso años. Si se decide emprender este sendero editorial hay que tenerlo muy claro desde el principio, saber que ese manuscrito va a estar largo tiempo parado (si es el único que has escrito y tienes prisa por publicar, todavía peor). Mi búsqueda editorial terminó cuando decidí enviar el manuscrito a ser valorado por una agencia editorial (por medio del servicio de informe de lectura). El total de tiempo que esperé fueron once meses.
Aciertos o medidas a implementar para la nueva temporada de envíos
#1 Pagar por un informe de lectura profesional. Desde luego contar con la opinión de alguien que conoce bien el mercado literario, es fundamental. Si nuestra intención es colocar el manuscrito en una editorial comercial, por ejemplo, necesitamos una historia comercial, que toque los temas de actualidad en ese momento o los más relevantes. Saber a qué puertas llamar es importante, pero también lo es saber qué hemos escrito y para quién. Un informe de lectura profesional puede ayudarte a ver carencias en tu obra a nivel narrativo, literario, comercial o simplemente darte una perspectiva que quizás tú solo no consigues. Te recomiendo que busques a alguien especializado en el género que escribes.
#2 No rendirme. Hace un momento dije que me di por vencida muy pronto, pero eso fue a los once meses de empezar a enviar el manuscrito. Después pasé los dos años siguientes en la agencia editorial, a la espera de algún movimiento estratégico del agente que nunca se produjo, en realidad. Su táctica se basó en decirme que enviara el manuscrito a premios literarios, que tenía posibilidades. Los premios literarios tienen unos plazos de esos que requieren de la misma paciencia que el envío a editoriales; y además, si no ganas, no hay retroalimentación de ningún tipo. Nadie te dice: leí tu novela, pero no encaja en el premio. A veces, los rechazos editoriales son más determinantes que presentarse a premios literarios (en cuanto a que se puede aprender más de ellos). Tras esos dos años de pausa en la agencia, recuperé mi manuscrito este año y decedí que continuaría otros seis meses buscando editorial (otras distintas).
#3 Investigar bien los catálogos de las editoriales a las que enviar el manuscrito y comprender las lógicas editoriales. No fue una investigación superficial. Saber dónde quieres ver tu novela (si te aceptan) supone conocer qué publica la editorial, cuándo, a qué ferias acuden, quiénes son los lectores, cómo son sus libros estética y técnicamente. En este tiempo me he convertido en editora casi sin pretenderlo, por lo que mi mirada se transformó. Me formé en el sector, comprendí lógicas que hace tres años se me escapaban, observé la realidad editorial desde dentro y eso me da una perspectiva muy amplia. Otra manera también de enfrentar la espera.
Esta es la primera parte del periplo, espero volver pronto y traer nuevas noticias (sean cuales sean).
Gracias por leer 🌹

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