El síndrome del impostor en escritores. Consejos para acallar su voz

Hace un tiempo (cinco años ya) escribí una entrada sobre el síndrome del impostor, ese mal que muchas personas sufren en varias áreas de su vida, laboral, personal, y por supuesto, en el ámbito literario. En esa entrada explico las posibles causas y el origen de este síndrome (hay quien dice que no existe y son solo fantasmas. Eso es porque no lo ha sufrido).

En mis asesorías literarias me encontré con escritoras que tienen el síndrome del impostor muy fuerte, algo así como un crítico interno venenoso que no las deja avanzar y en las redes sociales lo leo muy a menudo. De ahí surgió este análisis y sus correspondientes conclusiones. Casi siempre que escribo algo así siento una especie de obligación de especificar que es solo producto de una investigación personal y que no hay consejos universales que sirvan a todos. No hay una receta mágica, ni lo que sigue es ninguna panacea, no hay frase de Mr. Wonderful que arregle como si nada cerebros bloqueados y/o cansados. Además, cada quien tiene su propio impostor y no son iguales. 

Este crítico puede aparecer en distintas fases del proceso de la escritura y es importante disponer de algunas herramientas para combatirlo. No se puede destruir ni acallar por completo (o fácilmente), sin embargo, conocerlo mejor o saber quién es y cómo te afecta, ayuda a identificarlo, ponerle nombre y remedio, muchas veces. Lo he dividido en puntos, pero no hay que seguirlos en orden. 

1. Piensa en él (no dejes que establezca un monólogo en tu mente)
Si no lo enfrentas seguirá boicoteando cualquier pensamiento. Suele ser puñetero, aparece cuando uno meno lo espera y en momentos importantes, al finalizar un trabajo o en medio de una escena trepidante. Es de vital importancia dejar que hable y dialogar con él al terminar la sesión. Tratarlo con humor puede conseguir que se suavice.

2. Analiza su voz
Como en el primer punto, necesitas saber cómo habla, por qué y en qué momento. ¿Cuál es el motivo exacto que lo hace aparecer? ¿Es cuando revisas el texto? ¿Mientras escribes el primer borrador? ¿Al ver el éxito de otros en redes sociales?

3. Escribe sobre él 
Después de analizarlo, exponerlo e incluso ridiculizarlo puedes escribir sobre cómo te has sentido tras el ataque del impostor, en qué te ha influido y cómo has logrado que se callara (o no) Escribir puede ser sanador y lo sabes bien. Si te paraliza mucho, toma una libreta y anótalo todo. 

4. Dale la razón
El impostor no siempre es malvado, ni es lo normal escribir un borrador perfecto a la primera, así que sí, si te habla en las primeras fases de escritura tal vez tenga razón y no pasa nada, ya mejorarás con las siguientes revisiones y con la REESCRITURA. Hay escritores que escriben y corrigen al mismo tiempo y seguramente sus primeros borradores sean mejores, pero igualmente pueden surgir dudas. ¿Estoy haciéndolo bien? ¿A quién le va a importar esta historia? Tú solo escribe.

5. Confía en el proceso
Es una de mis frases favoritas y muy verdadera. Se puede aplicar a cualquier área de la vida cuando aprendemos a hacer algo. Recuerda: Nadie nace aprendido. Y si ya llegaste al final del proceso y el impostor te ataca, es hora de buscar los motivos por los que no te parece suficiente lo que has hecho. También es tiempo de convencerte de que eso es lo mejor que puedes hacer (en ese momento).

Debes hacer tu mejor esfuerzo, y eso es lo mejor que cualquiera puede hacer (Pinocchio, en la versión de Guillermo del Toro)

6. Vigila tus expectativas

Quizás te exiges más de lo que puedes dar (ahora). No te tortures, ni dejes que el impostor lo haga. A lo mejor este no es el año en el que publiques la novela, ¿y qué? Habrá más oportunidades. O tal vez ese rechazo editorial te ha dolido más de lo que esperabas, porque ¿cómo pueden decirme que no si mi novela es tan buena? Hay que analizar y entender la lógica editorial. No te frustres, pies en el suelo y paso firme. 

7. No te compares
Cuando realizamos algo que más personas también hacen, como escribir, publicar o promocionar, es inevitable no caer en esa tentación de compararse con otros a través del rencor y la envidia, en lugar de tomarlo como una meta, un aprendizaje o una inspiración. La parálisis por comparación existe y es justo lo que no debería pasarte. Que otra persona pueda terminar un borrador en un mes y tú no, no significa nada. Y esto aplica para cualquier comparación que se te ocurra. (Haré una entrada más larga sobre la parálisis por comparación porque creo que es bien interesante).

Todos estos puntos están relacionados entre sí, se retroalimentan y moldean. Espero que si lees esta entrada logres conocer un poco más a tu impostor. Yo al mío lo tengo castigado, pero en cualquier momento aparece…  👀

Nota desde el futuro: Este año (2026) cambié de página web y por el camino, perdí algunas entradas que ahora estoy recomponiendo y volviendo a publicar, como esta. Me causa mucha sensación leerla y saber que ahora mismo (octubre de 2026) he conseguido llegar a una tregua con mi impostor o crítico interno (también llamado editor interno, aunque no tengo claro si solo es editor o se dedica a otras cuestiones). Más que una tregua, diría que he llegado a comprenderlo y darme cuenta de que solo quería protegerme. Su protección a menudo me costó bloqueos y ganas de abandonar todo, cancelar proyectos casi antes de ponerlos en marcha, posponer cuestiones y sumirme en momentos críticos de preguntas incesantes como: ¿Qué estás haciendo con tu vida? Pero ahora lo entiendo. Y sobre todo entiendo que no hay que acallar su voz, como recomienda el título. Hay que escucharlo y saber por qué se alza en armas a la menor oportunidad. Tal vez no sea tan terrible y villano, sino más bien una especie de heroe enmascarado.

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